Septiembre tiene fama de ser el mes de los nuevos comienzos. Volvemos al trabajo, los niños al colegio, recuperamos horarios y, de repente, nos damos cuenta de que llevamos varias semanas acostándonos más tarde, comiendo a deshoras y diciendo eso de “mañana vuelvo a la rutina”. Si te suena, tranquila: recuperar la rutina después del verano no significa volver de golpe a todos los hábitos que teníamos en junio. De hecho, intentar hacerlo así puede ser precisamente lo que nos haga abandonar a los pocos días.
La clave está en recuperar poco a poco aquello que nos hacía sentir bien. Y sí, hay algunos trucos que ayudan a que la transición sea bastante más llevadera.
Empieza por recuperar los horarios de sueño
Durante las vacaciones es fácil que el horario se descontrole. Cenas más tarde, te acuestas después de medianoche y, si puedes, aprovechas la mañana para dormir un poco más.
Por eso, uno de los primeros pasos para recuperar la rutina debería ser volver a establecer un horario de sueño razonablemente estable.
No hace falta pasar de acostarte a la una a meterte en la cama a las diez en una sola noche. Puedes adelantar progresivamente la hora de acostarte y de levantarte durante varios días.
Además, intenta mantener una rutina nocturna relajante: baja la intensidad de las luces, evita las pantallas justo antes de dormir y reserva los últimos minutos del día para actividades tranquilas.
Así que, si septiembre empieza con cansancio, no intentes solucionarlo únicamente a base de café. Quizá lo que necesita tu cuerpo sea, sencillamente, volver a dormir bien.
Recupera una alimentación ordenada, pero sin hacer dieta
Después de un verano de helados, aperitivos, comidas fuera y horarios imposibles, es habitual sentir que toca “compensar”. Sin embargo, recuperar la rutina alimentaria no significa empezar una dieta restrictiva.
Mucho mejor volver a organizar las comidas y apostar por alimentos variados: frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, huevos, pescado, carnes, frutos secos y otros alimentos ricos en nutrientes.
También puede ayudarte volver a planificar algunos menús antes de empezar la semana. No necesitas cocinar cinco platos diferentes el domingo. Basta con tener algunas opciones saludables preparadas para evitar improvisar cuando lleguen las prisas.
Por tanto, piensa en orden y variedad, no en prohibiciones.
Vuelve a moverte, aunque hayas dejado el gimnasio
¿Has pasado el verano caminando menos de lo habitual? No pasa nada. Septiembre es un buen momento para volver a activar el cuerpo, pero sin intentar recuperar en una semana todo el ejercicio que no has hecho durante las vacaciones.
Empieza con algo tan sencillo como caminar más, utilizar las escaleras o recuperar alguna actividad física que disfrutes.
Si quieres volver al gimnasio, también puedes hacerlo progresivamente. Dos o tres sesiones semanales pueden ser un buen punto de partida, dependiendo de tu condición física.
Lo importante es encontrar una actividad que puedas mantener. Porque el mejor ejercicio no es el que haces durante una semana con entusiasmo, sino el que consigue convertirse en un hábito.
Dedica unos minutos a cuidar tu piel
La vuelta a la rutina también puede ser una oportunidad para poner en orden el cuidado facial después del verano.
Sol, cloro, sal, calor y cambios de horarios pueden hacer que la piel se encuentre más seca, sensible o apagada. Por eso, no necesitas empezar septiembre con diez productos nuevos.
Una rutina sencilla puede ser suficiente: limpieza suave, hidratación y protector solar durante el día. Por la noche, vuelve poco a poco a tus productos habituales y evita introducir varios activos potentes al mismo tiempo si tu piel está sensible.
Y hay otro detalle importante: aunque las vacaciones hayan terminado, el protector solar sigue teniendo sitio en el neceser.
Haz limpieza también en tu agenda
A veces queremos recuperar la rutina y llenamos septiembre de obligaciones: gimnasio, dieta, madrugar, quedar con amigos, organizar la casa, empezar nuevos proyectos…
Resultado: a los pocos días estamos agotadas.
Antes de volver a llenar la agenda, revisa qué actividades son realmente importantes y cuáles pueden esperar. Reservar pequeños espacios para descansar también forma parte de cuidarse.
Una tarde sin planes puede ser mucho más reparadora de lo que parece.
Recupera tus pequeños rituales
Hay hábitos que no parecen importantes hasta que dejamos de hacerlos.
Tomar un café tranquilamente por la mañana, leer unas páginas antes de dormir, dedicar diez minutos al cuidado de la piel, salir a caminar después de comer o preparar la ropa del día siguiente pueden convertirse en pequeñas señales que ayudan al cerebro a entender que hemos vuelto a la normalidad.
Por este motivo, no subestimes el poder de los rituales diarios. No tienen que ser complicados ni durar una hora.
No intentes cambiarlo todo el 1 de septiembre
Este es probablemente el consejo más importante. Si quieres recuperar la rutina después del verano, empieza por dos o tres hábitos. Cuando estén asentados, incorpora otros.
Quizá esta semana el objetivo sea acostarte un poco antes, desayunar con calma y salir a caminar 30 minutos. La siguiente puedes añadir el gimnasio o recuperar tu rutina de belleza.
Y si un día no sale como esperabas, tampoco pasa nada. Una rutina saludable no es aquella en la que nunca te sales del plan, sino la que sabes retomar cuando lo haces.




