Qué protector solar es mejor, ¿en crema, stick o bruma?

Qué protector solar es mejor, ¿en crema, stick o bruma?

Hace unos años, elegir una crema solar era coser y cantar. Pero la evolución de la cosmética ha ampliado las opciones, y también las dudas sobre qué protector solar es mejor. Hoy conviven fórmulas en crema, sticks y brumas que prometen practicidad y eficacia. La pregunta es inevitable: ¿protegen igual?

La respuesta, según coinciden los especialistas, no depende tanto del formato como de cómo se aplica. Porque la clave de un buen protector solar no está solo en su composición, sino en lograr una cobertura uniforme y en cantidad suficiente.

Cómo elegir el formato de protector solar según el momento

La crema, o los formatos fluidos, siguen siendo la opción más fiable para la aplicación inicial. Ya que su textura permite distribuir el producto de forma homogénea, lo que facilita alcanzar el nivel de protección indicado en el envase. Por eso, es la elección más recomendada cuando se trata de cubrir todo el rostro o el cuerpo antes de la exposición al sol.

Ahora bien, esto no significa que los otros formatos no sean útiles. Los sticks han ganado protagonismo por su precisión y comodidad. Son especialmente prácticos para zonas sensibles o localizadas, como labios, contorno de ojos, nariz o manchas. Además, resultan muy útiles para reaplicar sin necesidad de extender el producto con las manos.

Las brumas o sprays, por su parte, destacan por su ligereza y rapidez. Son una buena opción para el cuerpo, sobre todo en situaciones en las que se busca una aplicación ágil. Sin embargo, requieren cierta atención: es importante aplicarlas a una distancia adecuada y asegurarse de cubrir bien toda la superficie, ya que es fácil quedarse corto sin darse cuenta.

El error más común es confiar en el formato y no en la aplicación

A pesar de la variedad de opciones, a menudo se repite el error de pensar que todos los formatos garantizan la misma protección sin tener en cuenta cómo se utilizan.

Por ejemplo, en el caso de los sticks, es necesario realizar varias pasadas sobre la piel para conseguir una cobertura adecuada. En las brumas, el viento o una aplicación demasiado rápida pueden hacer que el producto no se deposite correctamente. Y en las cremas, uno de los fallos más habituales es aplicar menos cantidad de la necesaria.

A esto se suma el factor de la reaplicación. Independientemente del formato, los expertos insisten en que es necesario renovar el protector solar cada dos horas cuando hay exposición solar. En este sentido, los sticks y las brumas se convierten en grandes aliados, especialmente sobre maquillaje o en situaciones fuera de casa.

¿Y los cosméticos con SPF?

En paralelo, cada vez es más habitual encontrar productos de maquillaje o tratamientos con factor de protección solar. Aunque pueden aportar un extra, no sustituyen a un fotoprotector específico.

La razón es que para alcanzar el nivel de protección que indican, sería necesario aplicar una cantidad mucho mayor de la que se utiliza habitualmente. Por eso, deben entenderse como un complemento dentro de la rutina, nunca como la base de la fotoprotección.

Además, conviene recordar que la exposición solar no se limita a la playa o a los días despejados. La radiación también actúa en entornos urbanos, incluso en días nublados o a través de ventanas, y se suma a otros factores como la contaminación, que incrementan el estrés oxidativo de la piel.

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