Inflamación silenciosa

Inflamación silenciosa: el origen invisible del cansancio, la hinchazón y el envejecimiento prematuro

Te cuidas. Comes bien. Intentas dormir lo suficiente. Haces ejercicio. Y, aun así, algo no encaja. Sufres cansancio persistente, sensación de hinchazón, dificultad para perder peso, piel apagada y tu energía ya no es la de antes. Si te suena, puede que el problema no esté en lo que haces, sino en lo que ocurre dentro de tu cuerpo. La inflamación silenciosa es uno de los grandes temas de la salud y del bienestar femenino actual. No duele, no da señales evidentes y, sin embargo, puede estar detrás de muchos de esos síntomas que hemos normalizado.

¿Qué es la inflamación silenciosa y por qué cada vez se habla más de ella?

Cuando pensamos en inflamación, solemos imaginar una lesión, dolor o enrojecimiento. Pero existe otro tipo de inflamación mucho más sutil, persistente, de bajo grado y mantenida en el tiempo. Esta es la base de la inflamación crónica de bajo grado, conocida popularmente como inflamación silenciosa.

Este estado inflamatorio afecta al metabolismo, al equilibrio hormonal, al sistema inmunitario y a los procesos de regeneración celular. No se manifiesta con síntomas agudos, pero sí con señales difusas que muchas mujeres describen como “no estar bien del todo”.

La ciencia incluso tiene un término para explicar su relación con el paso del tiempo: inflammaging, un concepto que vincula inflamación y envejecimiento acelerado.

Estrés y cortisol, el detonante más común de la inflamación silenciosa

El cortisol, la hormona del estrés, cumple una función esencial en el organismo. El problema aparece cuando se mantiene elevado durante meses o años. En ese caso, el cuerpo entra en un estado de alerta constante que favorece la inflamación.

La autoexigencia, la multitarea, la falta de descanso real, el estrés emocional sostenido o incluso entrenar sin respetar los tiempos de recuperación pueden mantener activado este eje hormonal. El resultado es un organismo que deja de responder como antes.

Aquí es donde la inflamación silenciosa empieza a bloquear procesos clave como la pérdida de grasa, la regulación del apetito o la capacidad de descanso profundo.

Dificultad para perder peso

Uno de los grandes mitos del bienestar es pensar que el peso depende solo de calorías y ejercicio. Pero en el contexto inflamatorio, esta ecuación cambia por completo.

Ya que la inflamación altera la sensibilidad a la insulina y a las hormonas que regulan el hambre y la saciedad. El cuerpo interpreta que el entorno no es seguro y activa mecanismos de ahorro energético. Por eso, incluso haciendo “todo bien”, adelgazar se vuelve frustrante.

Este es uno de los motivos por los que la Inflamación silenciosa está tan relacionada con el aumento de peso inexplicable o con la imposibilidad de mantener resultados a largo plazo.

El cansancio que no se quita durmiendo

Dormir más no siempre es la solución para descansar mejor. La fatiga asociada a la inflamación silenciosa tiene un origen más profundo que se encuentra en las las mitocondrias, las estructuras celulares encargadas de producir energía.

Cuando hay inflamación, estas “centrales energéticas” funcionan peor. Aparece entonces el agotamiento persistente, la niebla mental, la falta de concentración y esa sensación de no recuperar energía ni siquiera después de descansar.

Microbiota intestinal, el equilibrio que lo cambia todo

Hablar de inflamación es hablar de intestino. Porque más del 70 % del sistema inmunitario reside allí, y su estado influye directamente en los niveles inflamatorios del cuerpo.

Alteraciones en la microbiota intestinal, una mayor permeabilidad o intolerancias no identificadas generan una activación inmunitaria constante. Esto se traduce no solo en molestias digestivas, sino también en cambios hormonales, alteraciones del estado de ánimo y mayor inflamación sistémica.

Por lo que cuidar el intestino no es una moda wellness, es una necesidad fisiológica para reducir la inflamación silenciosa desde la raíz.

Inflamación silenciosa y envejecimiento prematuro de la piel

La piel es uno de los primeros órganos en reflejar lo que ocurre dentro. Un entorno inflamado afecta a la producción de colágeno, a la elasticidad y a la capacidad de regeneración celular.

Por eso aparecen antes los signos de envejecimiento, la piel pierde luminosidad y el rostro se ve más apagado. Ningún cosmético puede compensar un organismo inflamado de forma crónica.

Por lo que la verdadera estrategia antiedad empieza desde dentro, regulando los procesos que aceleran el deterioro celular.

La importancia de entender la inflamación silenciosa

Durante años se nos ha dicho que para estar bien había que hacer más: más control, más ejercicio, más disciplina. Hoy sabemos que dormir de verdad, respetar los ritmos hormonales, reducir el estrés sostenido y cuidar el intestino no son lujos, sino pilares de salud.

Porque el bienestar no va de luchar contra el cuerpo, sino de devolverle el equilibrio que necesita para funcionar mejor. Y ahí, la inflamación silenciosa deja de ser un enemigo invisible para convertirse en una señal que merece atención.

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